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Lunes, 24 Febrero 2020 08:58

El Gobierno paralizado y la peligrosa estrategia de la olla a presión

Por El País Diario

A dos meses y medio de gestión, el denominador común de los pasillos del poder es que se está frente a un gobierno paralizado.

 La mayoría de las dependencias no tienen presupuestos asignados, algunas no tienen cerrados sus organigramas y las gestiones que pueden hacer ministros y secretarios se limitan a hacer política.

Por eso, las redes sociales se llenan de fotos de los ministros en oficinas o con otros ministros para mostrar coordinación y un equipo consistente. Hay pocas recorridas territoriales, pocos actos de lanzamiento de programas; inauguraciones casi cero. La mayoría de los ministros no da entrevistas ni conferencias de prensa ni nada.

“Las áreas que tienen las políticas de contención están activas; el resto está todo sujeto a lo que pase con la negociación con el Fondo”, explican desde una secretaría estratégica que todavía no tiene claro cuál va a ser la política del gobierno para su sector. Esto es transversal a casi toda la administración pública.

Las únicas excepciones son Daniel Arroyo con sus tarjetas alimentarias; el ministerio de Salud de Ginés González García; y la secretaría de Comercio Interior con los Programas de Precios Cuidados. Esta dependencia está bajo la órbita del Ministerio de Producción, a cargo de Matías Kulfas, que tampoco dejó claro cuáles van a ser las políticas que va a implementar para reactivar la economía.

La lentitud es una fija en todas las áreas. No salen contratos, ni designaciones. Martín Guzmán, ministro de Economía, está haciendo bien su rol y no libera fondos para casi nada y patea el tablero cada vez que alguien le pide presupuesto para algo.

Mientras espera el veredicto de los bonistas y el FMI, el Gobierno lanza programas insuficientes para la crisis que vive la gente.

Aumento por sobre la inflación de 197 pesos a los jubilados de la mínima. Todo el resto pierde fuerte.

Una canasta de Precios Cuidados inferior a la que ofrecía el macrismo

Planes de medicamentos gratis cuyo contenido final recién se va a conocer en marzo, quizás.

Una leve moratoria a las Pymes

Sobre este último punto quizás lo único positivo es que siguen bajando las tasas de interés, algo que le da un poco de oxígeno a las Pymes. Igual siguen altas para la magnitud de la crisis.

Salvo eso, el resto de las cosas son malas noticias aunque se quieran disfrazar de buenas. Quizás los jubilados más convencidos sienten que los 200 pesos que les aumenta Alberto Fernández son un montón; para el resto es poco.

En la interna del Frente de Todos esta parálisis tiene un problema adicional. En muchos casos el kirchnerismo se quedó con cargos de gestión, pero no tienen partidas presupuestarias, por ejemplo, para sellar la paz con gremios o reincorporar gente que haya echado el macrismo. 

“Si no hay guita es muy difícil. El kirchnerismo sin guita no puede gobernar”, grafica un conocedor de la interna aeronáutica.

Desde la política no hay caja para disciplinar. Tampoco hay margen para apelar a que el sector privado financie gestión. 

“Nadie quiere hacer negocios con el Estado. La guita no vuelve”, dice un hombre acostumbrado a lidiar con empresarios y gremios.

Hablando de negocios, la Casa Rosada se quedó sin proveedor de bidones de agua. Parece que el que se encarga de eso está de licencia y como Fernández solo toma bebidas de pomelo, no hay urgencia. Un gobierno seco en todo sentido.

Con cuatro vasos en el escenario, se dio el primer anuncio grande de inversiones de la era Alberto. Tres tenían agua y uno pomelo. Fue el jueves pasado en Escobar, donde se inauguró una planta de medicamentos biológicos, del empresario Hugo Sigman, uno de los favoritos de Alberto y Cristina.

Aunque el acto mostró la gran sintonía de este empresario peronista con el Gobierno, el hombre aprovechó su discurso para recordarle a Alberto las cuentas pendientes. Explicó que la Argentina invierte el 0,45% de su PBI en Ciencia y Tecnología, frente al 2,2% de otros países como Australia. Con una salvedad: “El 75% de la inversión en esos países es privada. En Argentina el 75% es inversión estatal”, dijo.

¿Por qué se da esta situación? Por un lado, Sigman se refirió a la falta de incentivos por parte del sector público. Pero fundamentalmente advirtió sobre otro problema: “Argentina tiene una situación tributaria muy desigual con estos productos que se importan. Si uno importa, tiene 0% arancel; si traés los insumos, 3%. Pero si fabricamos tenemos 30% de impuestos en la cadena entre Ingresos Brutos, IVA, impuestos municipales y cargas sociales”.

“Empezamos con una desventaja del 30%. Si yo trajera el producto que fabrico en España pagaría 0%”, sintetizó.

En el auditorio estaba como invitado especial Roberto Lavagna. El exministro y excandidato a presidente había dicho en campaña que si él fuera electo su primera medida de gestión sería bajar impuestos. No es lo que hizo Alberto Fernández.

En medio de todo esto, el kirchnerismo hace de las suyas instalando un debate que no está en la sociedad, vinculado a las causas judiciales de dirigentes presos. Un porcentaje del voto de Alberto compró la idea de que volvían para ser mejores. Y es un voto que rápidamente puede perder si no le pega en los resultados económicos y encima se mete con la Justicia.

El senador jujeño Guillermo Snopek presentó un proyecto de ley para intervenir la Justicia en su provincia que gobierna su cuñado, Gerardo Morales. El mayor motivo para intervenir sería la prisión de la dirigente K Milagro Sala.

¿Este proyecto es parte de la interna entre Cristina y Alberto, donde una quiere avanzar sobre el Poder Judicial y el otro intenta frenarla? El Senador Snopek es un dirigente que se mantuvo alejado del kirchnerismo en los últimos años y casi no tiene diálogo con Cristina. Fernández estaba al tanto del proyecto y Snopek repite a los suyos que no avanzaría en contra de los deseos del gobierno central.

Las solapadas críticas del empresario peronista Hugo Sigman al Gobierno no se limitaron a lo económico. “Es importante que hablemos en lugar de pelearnos. Que los rencores se diluyan y desaparezcan”, advirtió con un desmejorado Alberto a pocos metros.

Esta idea parece estar en el ideario de Alberto. Aunque si los resultados económicos no llegan, quizás deba, como Macri, apelar a la grieta para mantenerse vivo.

Apostilla final. Un estudio de la consultora Synopsis le preguntó a la gente si creía que Cristina influía mucho, poquito o nada en el gobierno de Alberto Fernández. El 50% cree que mucho. Pero es interesante el desagregado.

Ese número crece al 77% entre los votantes de Macri

73% entre los de Gomez Centurión

61% entre los de Espert

Baja al 45% entre los de Lavagna

Y solo el 25% de los votantes de Alberto cree que Cristina influye mucho.

Esto se llama “sesgo de confirmación”. Los votantes opositores quieren creer que Cristina influye mucho en el Gobierno y así lo ven materializado; los de Alberto, en cambio, quieren creer que el presidente tiene perfil propio y así lo ven materializado. 

“Nos muestra con claridad cómo en parte cada uno termina viendo que sucede en el escenario lo que desea que suceda, confirmando inevitablemente que cada uno tenía razón”, concluye el informe.

La gran pregunta es por cuánto tiempo los votantes blandos del mandatario lo van a aguantar si no se encuentran los resultados. Hay tiempo todavía hasta el 31 de marzo, la fecha que puso el gobierno para cerrar con los acreedores y empezar el verdadero plan de gobierno.