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Jueves, 19 Diciembre 2019 13:40

Juan Carlos Carta te cuenta los días de Artaud en México

Por Juan Carlos Carta

Antoine Marie Joseph Artaud, más conocido por Antonin Artaud (1896 - 1948), fue un poeta, escritor, actor, director y teórico del teatro.

Fue también uno de los artistas más importantes que ha dado Francia. Gracias a sus ideas, expuestas en un libro emblemático, “El teatro y su doble”, podemos decir que hoy vivimos en el siglo de Artaud. Tan importantes resultan sus iluminaciones en cuanto al devenir del teatro contemporáneo. Igual, durante su vida, fue poco comprendido. Acá en Argentina, Luis Alberto Spinetta, le dedicó uno de sus más importantes trabajos en su disco “Artaud”. Hoy lo recordamos brevemente, en un momento de su viaje a México. Siguiendo los senderos del chamanismo e intuyendo, que muchos de sus escritos, estaban relacionados con esa experiencia que él pudo llegar a vivir en el nuevo continente.

En 1936 Artaud desembarca en México. Mucho le ha costado llegar a América. Trae consigo alguna teoría que comprobar, poco equipaje y mucha pobreza. Viene de una Europa convulsionada, con el fantasma de una crisis económica que poco después la llevará a la gran guerra. Viene, también Artaud, de hospitales psiquiátricos que no han hecho otra cosa que destruir aún más su frágil estado nervioso. Él ya ha prenunciado, en sus escritos, los nuevos derroteros por donde transitará la noción de cultura. Pero su época no lo comprende.

Si comprende que Artaud es un loco violento que debe vivir en hospitales. Cuando él parte hacia América, sus mejores amigos respiran aliviados por tenerlo lejos. Está en México y no sabe que después de esta aventura, le esperan nueve años encerrado en los hospitales de El Havre, Villejuif y Rodez, donde será tratado con terapias por electrochoque, las que lo deterioran definitivamente.

Artaud camina por las calles de México y siente como, poco a poco, lo va impregnando su cultura milenaria. Ha venido a estudiar las tribus Tarahumaras, a experimentar, a encontrarse con la antigua Cultura Solar. Camina, y por primera vez en mucho tiempo, siente la felicidad de algo verdadero. Lejos de una Europa que ha terminado por hartarlo y enfermarlo, él contempla esta tierra generosa, este sol intenso, estas noches de estrellas y fogatas. Siente por fin, como su ser se encuentra con lo que siempre estuvo buscando. Reafirma que la cultura no es solamente lo que ha construido la llamada civilización, sino aquello que es atravesado y tejido por este aire, este sol, las manos firmes y callosas de estos hombres ancestrales. Su palabra y su impulso.

Toda esta vivencia Artaud le expondrá en otro de sus libros, hoy bastante difícil de conseguir: “Mexico y Viaje al país de los Tarahumaras”. Allí conecta con lo que intuyó en sus ensayos para el teatro, en sus poemas, en su obra dramática: otra mirada sobre el acto creativo, otra forma de entender la espiritualidad, otra forma de entender la magia. Otra forma de entender las relaciones entre los seres humanos.

Muchos años después, desde la Antropología Teatral, se tendrán en cuenta cada una de sus palabras. Y es que Artaud, el gran olvidado del siglo XX, se proyecta, en toda su potencia creativa, hacia las nuevas generaciones del porvenir.